Elevador*
Sí pues, cada vez que intento mantener una conversación amena, detallosa y fuera de control resulta que quien me acompaña es la persona más aburrida del mundo. Te conocí en el ascensor, lastimosamente quedamos allí encerradas por una jodida falla mecánica. Detesto recordar esos cuarenta y dos minutos con tu crudeza, tu rostro antigestual, tus manos escondidas en el bolso, tu cabello tan estrictamente recogido, tu maldito silencio. Tenía muchas ganas de sacudirte y hacerte enfurecer, pero pensé: "seré tan diferente a ella, seguramente está asustada y no quiere hablarme". ¡Al carajo! me puse los audífonos y me recosté en paz escuchando reggae sin importarme el gran espacio que ocupaba allí tumbada.
- Será mejor que te relajes porque nos quedaremos aquí un largo rato - le dije.
Me miró de reojo, retrocedió y se apoyó en una de las esquinas sin dirigirme palabra ni mirada alguna. Entonces rebusqué entre mis cosas, saqué un incienso y lo prendí, quería provocarla pero no dió resultado; probé con un cigarro, lo encendí, empezé a fumar, además de estar prohibido, sabía que eso sí podría incomodarla y por fin decirme algo pero solo atinó a cubrirse el rostro con un pañuelo blanco. Lo apagué inmediato.
Después de eso comprendí que me ignoraría por completo y tendría la paciencia suficiente para soportar mi impertinencia. Los veinte minutos restantes me dediqué a relatarle fragmentos escandalosos de mi vida.
" Una vez me arrestaron por robar una bolsa de snickers en un supermercado,si no me crees está mi foto en los expedientes, salgo sonriente con la bolsa entre mis manos...una vez participé en un trío amoroso y fue filmado...un domingo visité a las monjas de clausura y me botaron de allí por llevarles un super vibrador...dicen que no necesito marihuana para "volar"...mira, la cicatriz que tengo aquí ¿ves mi rodilla? me la hice ebria con una compañerita a los cinco años...a los siete andaba desnuda creyéndome invisible y hace poco mojé el mueble mientras mantenía una conversación sexual con un chico..."
De pronto empezé a reirme descontroladamente, nosé por qué, cuando finalmente se abrió el ascensor, me levanté, cogí mis cachivaches y me largué estresada de ese claustrofóbico cuadrado. Lo curioso fue que mientras me iba, un sujeto y la chica del ascensor se comunicaban por medio de señas; al parecer era sordomuda, la miré estupidizada, me devolvió la mirada, sonrió e hizo con su mano un ademán de adiós. Mis ojos se hicieron chinitos.
