Sensibilidad anacrónica*
Cuando apenas veinte días nos unían mis latidos ya fluían apurados cual bebé recién nacido ahogado en su llanto. El viajero disfrazado de tomate en tan sólo tres semanas ya era ketchup sobre nosotros y aunque no es nuestra salsa favorita nos animamos a probarlo, le sumamos tallarines, un poco de mango y fue el código preciso para pronunciarnos un "te amo".
En un año conociste el lado amargo de mi ser, sentiste mis golpes, lloraste la humillación pública, abandonaste tu orgullo y dignidad, te alimente de insultos, tragaste mentiras, vomitaste abandono, te acostumbraste a todo eso y aún así creíste tener una historia bonita a mi lado.
Culpable yo por pintar un arcoiris de colores infinitos frente a nuestros ojos y colocarte una aureola creyéndote un ángel, el mío; y si acaso dos años eran necesarios para redimir mis fallas y tener conciencia de mi conciencia lo considero justo y suficiente. Ya el respeto se perdió. Superémoslo viejo amigo.
